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sábado, 3 de noviembre de 2012

Las Planchas Grabadas de Ur

Las Planchas Grabadas de Ur
Débora Goldstern

              

Esta historia que hoy Crónica Subterránea dará a conocer, llegó a mi vida hace alrededor de 20 años, cuando adquirí el libro, Reinos Perdidos y Claves Secretas (1979), de Juan Parellada de Cardellac. Esta obra no solo marcó a fuego el camino investigativo que luego emprendí, sino que fue el primer acercamiento hacia el mundo subterráneo, en conexión con las civilizaciones desaparecidas.

Dotado de una gran erudicción, este escrito es una de las mejores recopilaciones sobre el tema, aunque lamentablemente la edición que compré en su momento carecía de bibliografía, que impidió por mucho tiempo conocer la mayoría de las fuentes que son citadas por Cardellac. En uno de sus primeros capítulos al hacer alusión a la Atlántida, el escritor catalán refiere la historia de un extraordinario descubrimiento que habría tenido lugar en medio oriente, aunque como siempre ocurre, se ocultó al público, desconociéndose en la actualidad el destino del hallazgo.

Con los años, supe, que la fuente citada por Cardellac, pertenecía a "Historia Desconocida de los Hombres desde hace Cien Mil Años (1966), del estudioso francés Robert Charroux, quién fuera el responsable de propagar la información.

Aunque esta historia circula hace mucho tiempo, y dada la imposibilidad de probarla, cumple con varios requisitos que la convierten en una posibilidad más que aceptada, ya que habla en primer de una conspiración y silencio con respecto al destino de unos de los continentes desaparecidos más famosos, Atlántida. Otro punto, es que el relato como a continuación veremos, habla sobre "planchas de oro con escritura", algo que en este blog es ya moneda corriente.

     


Vayamos al texto.


"En su libro "Un Roman de Tanger. La guerre nouvelle" (1951), el arqueólogo y escritor René Gau aporta a esta teoría de la Atlántida y al origen extraplanetario de los atlantes una nueva contribución, fundada en el descubrimiento, en ur, de placas grabadas que los servicios políticos norteamericanos mantendrían en secreto.
Tales placas provenientes de las excavaciones arqueológicas efectuadas por Leonard Wolley en 1927, si son auténticas, añaden al estudio de la primhistoria indicios que se incorporan curiosamente a las hipótesis sustentadas por nosotros en conjunto, con los sabios e historiadores de vanguardia: los rusos Jirov y Agrest y los franceses Lucien Barnier, Louis Paweles, Jacques Bergier y Jean Nocher.


He aquí lo que el señor René Gau escribe:

"Trazó toda la historia maravillosa de la célebre tumba del rey de Ur en Caldea (Irak), por Wooley en 1927. En primavera, las búsquedas metódicas que emprendía iban a dar un resultado sorpresivo ... Mientras allanaba el terreno, Wooley, bajo un cobre de atavíos, descubrió el pozo que debía conducirle a la tumba del rey. Luego, se limpió otra estancia, en las que había numerosos objetos de valor, entre los cuales un estandarte en el que figuraban dibujos de escenas de guerras. Entre los demás objetos hubo uno que fue hurtado con habilidad por un trabajador, que disimuladamente logró llevárselo al concluir su faena".


Muy casualmente, el profesor Gerboult (quién según sospechamos, sería el propio René Gau), corresponsal del British Museum y de, una oficina cultural de New York, encontró el cofrecillo robado a Wooley en poder de un anticuario, que se deshizo de él mediante un precio excesivo, que sólo los norteamericanos aceptaron pagar.


El contenido de aquel cofrecillo se componía de piedras preciosas talladas y joyas grabadas con signos intraducibles. El profesor Gerboult guardó intencionalmente "doce hojas de oro" sobre las cuales había dibujadas unas pictografías, y una estrella de siete ramas de 12 centímetros de diámetro.


El señor René Gau ha escrito a propósito de los antiguos signos pictográficos grabados en las placas de oro: "La comunicación parecía muy diferente de las de las placas de Ur. Por decir así, parecía un complemento explicativo; hablaba del procedente cofrecillo y de dos planos que se hallaban allí. Uno indicaba la forma de dirigirse al Alto Egipto en el hipogeo de los reyes atlantes y el otro daba el plano en estrella de las tumbas agrupadas de los treinta últimos reyes atlantes, de los cuales el primero y el trigésimo estaban situados al centro y muy nítidamente marcados sobre la estrella plana.


El lugar parece haber sido fijado un poco aproximadamente, pues las indicaciones hacían comprender que se encontraba entre veinte y treinta días de marcha del Nilo. Un punto preciso era, con todo, mencionado, y se situaba a mitad de camino entre Asuán y el oasis del desierto al oeste. Las hojas de oro traían también la confirmación de la venida a la Tierra en Atlántida de seres muy perfeccionados, desembarcados del cielo, hace más o menos quince mil años".

El relato prosigue así:
"Me enteré por la traducción de los textos grabados que las joyas tenían un valor mucho más arqueológico que comercial. Constituían talismanes provenientes de los atlantes, quiénes a su vez los tenían de "seres que se decían humanos", remotos hermanos de las estrellas. Estos les visitaron un día, venidos de las profundidades intersiderales en una nave voladora. Tal descubrimiento debía de servir de base a otras búsquedas arqueológicas, ya que confirmaba las opiniones de Platón, con las pasmosa noticia de la existencia de hermanos de nuestra humanidad terrestre, nítidamente superiores a nosotros, oriundos de otras galaxias".
Hasta aquí. Algunas observaciones.

Pudimos saber que el libro de René Gau, "Un Roman de Tanger - La Guerre Nouvelle", existe, encontrándose la edición en francés. Desde ya sería interesante su lectura para obtener algún dato adicional que permita ampliar la información.

Véase:


Ahora bien. Analizando lo narrado por Charroux surgen varios cuestionamientos. En primer lugar tenemos que el servicio secreto de Estados Unidos se llevó el cofre, sin embargo René Gau logró traducir las planchas, lo cual derriba el mito de escritura ininteligible. Después de todo si la escritura atlante, como actualmente se sostiene es una de las lenguas raíces universales, quizás la primera "ante de la confusión de las lenguas", es más que probable su comprensión, en caso de existir.

Nuevamente posamos nuestra mirada en el servicio secreto norteamericano ¿Qué hacían en la excavación de Wooley? ¿Alertados por quién? ¿Quizás por los británicos? No hay duda que entre estas dos naciones la colaboración en cuanto a hallazgos arqueológicos es más que estrecha, algo que no es de extrañar, si pensamos en el destino de los descubrimientos americanos, que no encajan en las tesis académicas, y lo cual explica este interés en ocultar cualquier pieza que no encaja en el sistema impuesto. Es evidente que este tipo de oscuricimiento histórico lleva mucho tiempo llevándose acabo. De la Atlántida hace tiempo que se sabe de su existencia, pero los "superiores desconocidos" parecen empeñarse en negar esa posibilidad que rellenaría las grandes lagunas del pasado de la Humanidad.

Un dato más. En 1896 W. Scott Elliot, el famoso vidente de origen teósofo, publicó "La Historia de la Atlántida y del continente perdido de Lemuria" (1896), donde irónicamente habla sobre planchas de oro que utilizaban los atlantes como medio de escritura. Casi treinta años antes del descubrimiento de Ur, Caldea, actual Irak.


Did Atlantis really exist? If so, where?



SECRET OF ATLANTIS - ILLUMINATI FREEMASON 1/8
Publicado por Débora Goldstern
Fuente: CRÓNICA SUBTERRÁNEA

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